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HISTORIADORA DE RITOS Y COSTUMBRES DE LATINOAMÉRICA

8.1.12

SYLVIA PLATH UNA VIDA SUMIDA EN LA TRAGEDIA

SYLVIA PLATH SU POESÍA,LA TRAGEDIA Y LA MUERTE.


A los 30 años, un 11 de febrero de 1963, Silvia Plath, habiendo sellado las puertas del cuarto de sus pequeños Frieda Y Nicholas con sumo cuidado y dejando al lado de sus dos pequeños, sus vasos de leche, abrió la llave de gas y metió la cabeza en el horno, tomó todas las precauciones para que el escape de gas no dañara a sus hijos, y terminó así con su existencia. “Morir Es una arte”, para Silvia, una patológica amante de la perfección, morir como todo lo demás era un acto que debía ser ejecutado con sumo detenimiento y precisión.


Nacida en el barrio de Jamaica Plain de Boston, Plath mostró gran talento a una edad temprana, al publicar su primer poema con 8 años. Su padre, Otto, que era profesor de universidad y una autoridad en el campo del estudio de la entomología, murió en esa época, el 5 de octubre de 1940. Ella intentó seguir publicando poemas y cuentos en revistas estadounidenses y consiguió cierto éxito.
En su primer año en la universidad de Smith College, Plath realizó el primero de sus intentos de suicidio. Esto lo detalló más tarde en su novela semi-autobiográfica (The Bell Jar). Fue tratada en una institución psiquiátrica (Hospital McLean) y pareció recuperarse aceptablemente, tras lo que se graduó con honores, en 1955.
POESÍAS DE SYLVIA PLATH

¿Cuál es la tenebrosa relación que une el don de la palabra entregado con excelsitud a mujeres excepcionales y el costo de este terrible privilegio?
¿Es la locura la musa de la creatividad?
" Morir es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Tan bien, que parece un infierno.
Tan bien, que parece de veras.
Supongo que cabría hablar de vocación...."


Hombre de negro
Reciben el ímpetu 
Y se amamantan de la mar gris

A la izquierda y la ola
Abre su puño contra el elevado
Promontorio alambrado de púas

De la prisión de Deer Island
Con sus cuidados criaderos,
Corrales y pastos de ganado

A la derecha, el hielo de marzo
Abrillanta aún los pocitos en las peñas,
Acantilados de arenas penetrantes

Se levantan de un gran banco de piedra
Y tú, contra esas blancas piedras
Caminabas en tu órfica chaqueta

Negra, negros zapatos, cabello negro
Te detuviste allí,
Detenido vértice

En la punta lejana,
Afianzando piedras, aire,
Todo ello, al unísono.
El último poema que escribe, la víspera del suicidio, es una despedida irrevocable.


La mujer alcanza la perfección.
Su cuerpo
Muerto porta la sonrisa del deber cumplido,
La ilusión de una necesidad griega
Fluye por los papiros de su toga,
Sus pies desnudos 
Parecen estar diciendo:
Hemos llegado hasta aquí, es el fin. 
Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas,
Cada uno prendido a un pellejo 
De leche, ya vacío.
Ella los ha replegado
Hacia su cuerpo como pétalos
De una rosa que se cierra cuando el jardín 
Se endurece y las fragancias sangran
Desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna.
La luna no se habrá de entristecer,
Allá en su atalaya de hueso. 
Tiene, de todo esto, la costumbre.
A rastras crujen sombras negras.

TtTTHE BELL JAR (LA CAMPANA DE CRISTAL) NOVELA PUBLICADA EN 1963




La campana de cristal es una obra dolorosa, poética, extraña y cercana donde Plath se desnuda y muestra su vida y sus miedos, cómo a veces andamos en el borde de un acantilado y lo fácil que es caer y quebrarse en mil pedazos. 
El silencio me deprimía. No era realmente el silencio. Era mi propio silencio.
Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento. 
De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y 

Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente. Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies..

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